martes, 10 de enero de 2017
No todos saben que el aumento de la legislación ambiental moderna comenzó con un río -de hecho, con varios de ellos.
En los 60', después de décadas rampantes de construcción de represas en Estados Unidos, las vías fluviales del país estaban sufriendo. Los pescadores encontraron que los peces estaban siendo cada vez más escasos en las corrientes que alguna vez fueron abundantes en ellos. Los cazadores encontraron una fauna cada vez más fina en el suelo. Los balseros encontraron que los rápidos habían sido tragados por los embalses, y los grandes ríos salvajes del oeste se habían transformado en escalones de agua estancada.
Afortunadamente, un pequeño grupo de personas se dio cuenta que sin una rápida intervención los ríos salvajes de la nación serían cosa del pasado. Ellos comenzaron a organizar y escribir a sus representantes elegidos. Sus esfuerzos dieron frutos cuando, en 1968, el presidente Lyndon Johnson firmó la Ley de los Ríos Escénicos y Salvajes.
Aunque el país ya había aprobado legislación ambiental anteriormente, la Ley de Ríos Salvajes y Escénicos inició una época de oro de legislación ambiental. Precedió a la Ley de Agua Limpia, la Ley de Aire Limpio, la Ley de Especies en Peligro de Extinción y el resto de leyes federales aprobadas en la década de 1970.
El lenguaje del acta es sorprendente: Por la presente se declara que es política de Estados Unidos que ciertos ríos seleccionados de la Nación, los cuales, con sus entornos inmediatos, poseen valores notables y extraordinariamente escénicos, recreativos, geológicos, con peces y vida silvestre, históricos, culturales o de valor similar, deberán preservarse en condiciones de flujo libre, y que ellos y sus entornos inmediatos estarán protegidos para el beneficio y disfrute de las generaciones presentes y futuras.
Cuando firmó la legislación, el presidente Johnson habló emotivamente del valor de los ríos salvajes: "... [N]uestros propios hijos y nietos visitarán y llegarán a amar los grandes bosques y los ríos salvajes que hemos protegido y les hemos dejado....Un río virgen es una cosa muy rara en este país hoy en día. Su flujo y vitalidad han sido aprovechados por las represas y con demasiada frecuencia se han convertido en cloacas abiertas para las comunidades y las industrias."
Las palabras de Johnson mostraron que lo que alguna vez había parecido como recursos inagotables eran, de hecho, vulnerables. "Tememos que todos los ríos van a ir por este camino al menos que alguien actúe ahora para tratar de equilibrar el desarrollo de nuestros ríos."
Johnson tenía razón para estar preocupado. Si bien la Ley de los Ríos Salvajes y Escénicos protegió exitosamente más de 12.000 millas de ríos americanos, un 17% de los ríos americanos, cerca de 600.000 millas, han sido alterados.
Pero incluso cuando el presidente Johnson estaba firmando la legislación pionera de protección de ríos a nivel nacional, la industria de represas de Estados Unidos exportaba afanosamente su modelo de desarrollo en el extranjero. Pronto, los ríos a través de Asia y América Latina también se encontraron frente a una creciente ola de concreto. Esta ganancia inesperada para las empresas de construcción ha sido una tragedia para nuestros ríos salvajes: hoy en día, más de 57.000 grandes represas ahogan los ríos del mundo. Más de 3.700 proyectos de energía hidroeléctrica se han propuesto.
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